Por el Dr. Esteban López Marinaro – Investigaciones Clínicas Cuyo
El reemplazo valvular aórtico por catéter, conocido como TAVR o TAVI, representa uno de los avances más importantes de la cardiología intervencionista moderna. Esta técnica permite tratar la estenosis aórtica severa mediante el implante de una válvula biológica a través de un catéter, evitando en muchos casos la necesidad de una cirugía cardíaca abierta. Es ampliamente conocido que el TAVI es un procedimiento mínimamente invasivo utilizado para reemplazar una válvula aórtica enferma o que no funciona correctamente, con una válvula elaborada a partir de tejido animal.
La estenosis aórtica es una enfermedad valvular en la que la válvula aórtica se estrecha y dificulta la salida de sangre desde el corazón hacia el resto del organismo, siendo a dia de hoy la el tipo de enfermedad valvular más prevalente en nuestro medio. Cuando esta condición progresa y se vuelve sintomática, puede asociarse a dolor torácico, falta de aire, síncope, deterioro funcional y aumento del riesgo cardiovascular. Por eso, la posibilidad de reemplazar la válvula sin recurrir a una cirugía convencional marcó un cambio profundo en el abordaje de pacientes añosos, frágiles o con mayor riesgo quirúrgico.
En los últimos años, el TAVR dejó de ser una alternativa reservada solo para pacientes inoperables o de alto riesgo y comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en pacientes seleccionados de riesgo intermedio e incluso bajo. Este crecimiento no depende únicamente de la técnica, sino también del desarrollo constante de nuevas generaciones de válvulas, sistemas de liberación más precisos, mejores materiales, menor perfil de los dispositivos y estrategias destinadas a reducir complicaciones.

Una evolución impulsada por la precisión
La experiencia publicada en la Revista Argentina de Cardioangiología Intervencionista sobre el uso inicial de la válvula autoexpandible VitaFlow en Argentina y Latinoamérica muestra cómo la innovación en dispositivos puede impactar en la seguridad y eficacia del procedimiento. En ese registro multicéntrico se incluyeron 28 pacientes con estenosis aórtica severa sintomática tratados con TAVI, todos mediante acceso transfemoral. El éxito del dispositivo se logró en el 100% de los casos y, a 30 días, no se registraron muertes, conversiones a cirugía, embolización ni complicaciones vasculares mayores.
Uno de los puntos más relevantes de esa publicación es que la válvula utilizada incorporaba un sistema de entrega motorizado, diseñado para favorecer un despliegue más preciso y permitir la recaptura o reposicionamiento del dispositivo. En procedimientos de alta complejidad, esa posibilidad no es un detalle menor: una liberación controlada puede influir en la correcta posición de la prótesis, en la reducción de fugas paravalvulares y en la disminución de trastornos de conducción que pueden requerir marcapasos definitivo. En la provincia de San Juan esta técnica es ampliamente practicada y desarrollando un protocolo mínimamente invasivo adaptado a nuestro medio y con desarrollo estadías ultra cortas si al caso así lo amerita en casos seleccionados.
El desafío de los accesos vasculares
Actualmente, el acceso femoral continúa siendo el más utilizado para el TAVI. Este abordaje permite introducir el sistema por la arteria femoral, ubicada en la región inguinal o del muslo, y avanzar hasta el corazón. Sin embargo, no todos los pacientes tienen anatomía vascular favorable. Algunas personas presentan arterias pequeñas, calcificadas, tortuosas o con enfermedad vascular periférica, lo que puede dificultar o contraindicar el acceso transfemoral.
Frente a estas situaciones, se han desarrollado accesos alternativos, como el transapical, trascavo, subclavio o transcarotídeo, entre otros. El NHLBI señala que la elección del acceso depende de la salud general del paciente y del estado de sus vasos sanguíneos, y que las nuevas estrategias buscan ampliar la disponibilidad del procedimiento para más personas.
En este contexto, resulta lógico que la innovación tecnológica apunte a sistemas cada vez más pequeños, flexibles, navegables y seguros. El objetivo es claro: reducir el calibre de los dispositivos, simplificar la vía de acceso, minimizar el trauma vascular y lograr que el procedimiento sea posible en un grupo más amplio de pacientes.
¿Hacia un TAVI transradial?
En cardiología intervencionista, el acceso radial transformó muchos procedimientos coronarios. La posibilidad de ingresar por la arteria radial, en la muñeca, permitió reducir complicaciones vasculares, favorecer la recuperación del paciente y mejorar la experiencia post procedimiento en múltiples escenarios clínicos. Llevar esa lógica al reemplazo valvular aórtico es una idea atractiva, aunque técnicamente muy desafiante.
Los conceptos más recientes en desarrollo plantean sistemas TAVI de perfil ultrabajo, incluso pensados para accesos menos invasivos que el femoral. La posibilidad de un sistema transradial implicaría un cambio tecnológico profundo: no se trataría simplemente de hacer más pequeño un dispositivo existente, sino de rediseñar la forma en que la válvula se pliega, se protege, se transporta y se despliega dentro del corazón.
Para que una plataforma de estas características sea viable, debería resolver varios desafíos al mismo tiempo: mantener la integridad de los velos valvulares, permitir una navegación segura desde vasos de menor calibre, ofrecer suficiente control direccional, asegurar un posicionamiento estable en el anillo aórtico y garantizar un resultado hemodinámico adecuado. Además, como toda innovación en medicina, debería atravesar etapas rigurosas de validación preclínica, ensayos clínicos, evaluación regulatoria y seguimiento a largo plazo.
Desde una mirada médica, este tipo de desarrollo resulta estimulante porque se alinea con una dirección clara de la medicina cardiovascular actual: procedimientos menos invasivos, más precisos y personalizados según la anatomía y el riesgo de cada paciente. Sin embargo, también exige prudencia. Una tecnología prometedora no debe confundirse con una herramienta ya disponible o probada. En medicina, la innovación solo se consolida cuando demuestra seguridad, eficacia, reproducibilidad y beneficio clínico real.
Innovar sin perder el eje: la seguridad del paciente
El avance del TAVI demuestra que la tecnología puede cambiar la historia natural de una enfermedad cuando se integra con criterio médico, evidencia científica y selección adecuada del paciente. Cada nueva generación de válvulas y sistemas de liberación busca mejorar un aspecto concreto: reducir complicaciones vasculares, facilitar el posicionamiento, disminuir la fuga paravalvular, preservar el acceso coronario futuro, reducir la necesidad de marcapasos y acortar los tiempos de recuperación.
Pero el verdadero progreso no está solo en crear dispositivos más sofisticados. Está en lograr que esas innovaciones se traduzcan en mejores resultados para las personas. En pacientes con estenosis aórtica severa, esto significa vivir más, vivir mejor, recuperar capacidad funcional y atravesar el tratamiento con el menor riesgo posible.
Por eso, el futuro del TAVR probablemente estará marcado por tres grandes líneas de evolución: dispositivos de menor perfil, sistemas de entrega más controlables y abordajes vasculares cada vez menos agresivos. La posibilidad de plataformas transradiales, aunque todavía conceptual y pendiente de validación clínica, representa una dirección de desarrollo coherente con esa tendencia.
El TAVI ya cambió la forma de tratar la estenosis aórtica severa. Lo que antes requería una cirugía cardíaca abierta en muchos pacientes, hoy puede resolverse mediante una técnica mínimamente invasiva, con resultados cada vez más sólidos en poblaciones seleccionadas. La experiencia inicial en San Juan, Argentina y Latinoamérica con nuevas válvulas autoexpandibles o Balón expandibles muestra que la precisión del sistema de liberación, la posibilidad de reposicionamiento y el diseño de la prótesis son factores determinantes para mejorar la seguridad del procedimiento. Al mismo tiempo, las nuevas ideas orientadas a reducir aún más el perfil de los dispositivos abren una pregunta interesante para los próximos años: ¿podremos llegar a un TAVR más simple, más seguro y accesible por vías menos invasivas?
La respuesta dependerá de la investigación, de la validación clínica y del compromiso permanente con el principio que debe guiar toda innovación médica: avanzar sin perder nunca de vista la seguridad del paciente.
Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica especializada. Las tecnologías en desarrollo mencionadas deben ser interpretadas dentro del marco de la investigación científica y la validación clínica correspondiente.
Bibliografía
- National Heart, Lung, and Blood Institute. Reemplazo de la válvula aórtica por catéter (TAVR) [Internet]. Bethesda: NHLBI; 2022 [citado 2026 May 9]. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/tavr
- Giuliani C, Fernández-Pereira C, González V, Andersen G, Menéndez M, Peralta S, et al. Experiencia inicial en Argentina y Latinoamérica de reemplazo valvular aórtico con válvula autoexpandible VitaFlow. Rev Argent Cardioangiol Interv. 2022;13(3):130-135. doi: 10.30567/RACI/202203/0130-0135.
- Revista Argentina de Cardioangiología Intervencionista. Experiencia inicial en Argentina y Latinoamérica de reemplazo valvular aórtico con válvula autoexpandible VitaFlow [Internet]. 2022 [citado 2026 May 9]. Disponible en: https://www.revistacaci.org.ar/contenido/art.php?recordID=MjI0OQ==


